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Escrito por:
Carlos Hernando Puerto Quiroga.
Abogado Uniciencista 2016.
Servidor Público Procuraduría General de la Nación, Bogotá D.C.
Actualmente cursando el Diplomado “Educación, Cultura y Sociedad” Universidad Libre de Colombia.



El día 11 de marzo del año 2018 se llevaron a cabo las elecciones para elegir los miembros del Congreso de la República para el período constitucional 2018-2022 y las dos consultas interpartidistas que buscaban definir cuál de los postulados en cada una, sería candidato a la Presidencia de la República. Una de estas consultas se llamó “La Gran Consulta por Colombia”, en la cual participaron como candidatos el doctor Iván Duque, la doctora Martha Lucía Ramírez y el doctor Alejandro Ordoñez. La otra era la Consulta llamada “Inclusión Social para la Paz”, entre los candidatos, doctor Gustavo Petro Urrego y el doctor Carlos Caicedo, elecciones ambas que en general transcurrieron pacíficamente.

Sin embargo es de resaltar lo acaecido el día después de las elecciones. Como infortunadamente suele pasar en la historia de la democracia colombiana, en donde todavía se registra que ciudadanos electores, tanto como candidatos a ser elegidos para las curules de la Rama Legislativa, no tienen conciencia de lo que implica el bien común y el ejercicio de la investidura para la cual se postularon. Es decir, ser en una palabra los representantes del pueblo y obligándose a actuar siempre consultando la justicia y el bien común de todos los ciudadanos, tanto de los que votaron por ellos como de quienes no lo hicieron. Por esto mismo no dejaron de presentarse hechos lamentables de corrupción que por su naturaleza atentan contra el legítimo y sagrado derecho de elegir a conciencia y con la más estricta responsabilidad a los compatriotas más idóneos, intelectual y profesionalmente, considerando de altísima importancia el comportamiento ético, atributos todos igualmente necesarios para desempeñar el altísimo encargo que se les confía.

Los órganos de control del Estado, específicamente el Ministerio Público, estuvieron muy atentos y vigilantes al desarrollo de esta jornada electoral, actuación que fue de gran importancia para prevenir el aumento de casos de corrupción. No obstante se presentaron algunos muy claros y evidentes, como el de un ciudadano que grabó la presunta compra de votos que se hizo en una sede política al parecer del municipio de Tumaco Nariño, hecho por el cual la Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría General de la Nación, están realizando las respectivas indagaciones. No obstante, sin restarle importancia al grave hecho referido anteriormente, quizá la gran vergüenza que todavía tiene atónitos e indignados a muchos colombianos, entre ellos al suscrito, fueron los hallazgos encontrados en la sede política de la actual Representante a la Cámara y Senadora electa en estos comicios, Aída Merlano, que la comprometen en la presunta compra de votos, en concurso con otros graves delitos. Tan es así, que la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, halló mérito para ordenar su captura.

Esta clase de hechos son los que tienen que movilizarnos como pueblo, sociedad, o ciudadanos responsables con el futuro de la Patria y de las nuevas generaciones. Basta ya de connivencia y simpatía por los actos de corrupción tanto públicos como privados, que llenan de beneficios de todo tipo a unos, pero arrastran con el futuro de un pueblo. Denunciemos a todos aquellos que se creen con el derecho de condenar a sus conciudadanos al atraso y la pobreza por actos abiertamente lesivos no sólo a la ética pública, por no hablar de inmorales que es un tema más personal, sino también ilegales, injustos e indecorosos.

Ciudadano de a pie, estudiante, profesional, ¿Qué espera usted para su país? ¿Qué está dispuesto a hacer por él? ¿Cómo quiere que sea el país en donde crezcan sus hijos y nietos? La Patria nos llama. Se cumplió una jornada electoral y se avecina otra para elegir Presidente de la República. Sólo contestando con honestidad, sentido de honor y dignidad por la propia persona, estos interrogantes, hallaremos la fuerza que impulsará a que también se contribuya para que en verdad todo aquello que está dañando y afectando el desarrollo, la equidad y el crecimiento integral de los ciudadanos menos favorecidos del país, sea erradicado, y logremos así una mejor sociedad.

Es hora de actuar con honradez, ecuanimidad y entereza ciudadana, exigiéndole estos principios de conducta a quienes ejercen la Función Pública, la cual no puede estar orientada a cosa distinta que el bien de todos nuestros compatriotas. Pero, también es la hora de no quedarnos callados, pues quien calla, cuando ve la falta, también se hace cómplice por encubrirla y tiene igual responsabilidad porque en cierto modo está siendo inferior a lo que la Sociedad espera de su comportamiento.

Muchas promesas por estos días, vienen y van. Todos los candidatos dicen comprometerse como el que más en el desarrollo integral del país. ¡Ojalá así sea! Lo importante no es hablar tanto, sino actuar de forma coherente y concreta. Si queremos que el día después al 11 de marzo sea mejor que los anteriores, entonces debemos dejar de ser solamente espectadores. Tal vez en varias ocasiones hemos vociferado, protestado y condenando con palabras la actuación de aquellos a quienes se les ha dado un voto de confianza y hasta nos hemos rasgado las vestiduras, pero cuando nos llega la hora de actuar o de tomar las grandes decisiones para manejar la barca de nuestro propio destino como Nación, por indiferencia, miedo o por la razón que sea, se sucumbe, permitiendo que aquellos que intimidan y quieren ser inferiores al proyecto común que nos corresponde como ciudadanos, hipotéticamente se alcen como los triunfadores. ¡Es posible que el día después del 11 de marzo, sea mejor! ¡La decisión está sobre la mesa y al alcance de sus manos!