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Escrito por: Sandra Milena Sandoval Marín.
Administradora Financiera y de Sistemas.
Especialista en Gestión de Empresas, Especialista en Gerencia de Servicios de Salud.
Maestrando en Gestión de la Tecnología Educativa.
Docente Investigación en UNICIENCIA, para la línea de Sostenibilidad y Responsabilidad Social, Grupo GECAC.


La Cuarta revolución industrial se define como un cambio tecnológico hacia la digitalización y automatización de procesos, a través de una estructura basada en sistemas ciberfísicos, inteligencia artificial, nanotecnología, biotecnología, big data, robótica colaborativa, realidad virtual y aumentada.

A partir de esta industrialización digital en la cadena de valor de los procesos productivos, se proyecta una innovación disruptiva para las empresas que cuenten con el soporte financiero y la estructura técnica para adaptarse a las nuevas tendencias de la industria.

Cambios que generan expectativas para las organizaciones en diferentes sectores, proyectando mejorar la eficiencia de sus activos, hacia respuestas más eficientes ante las necesidades de los clientes.

Así mismo llegan nuevos retos para la sociedad, específicamente en factores como el equilibrio entre el empleo y la fabricación inteligente; desafíos para la dirección estratégica de las organizaciones y la definición de nuevos lineamientos en sus códigos de ética; cuya prioridad sea respaldar y formar a los trabajadores ante dichos cambios tecnológicos.

Otro reto para esta transformación digital es la incorporación de la biotecnología a través de los avances de la ingeniería genética, la cual rompe paradigmas con nuevo conocimiento hacia la naturaleza de la vida humana. Por consiguiente, se hace necesario fortalecer las teorías de bioética y la legislación protocolos e instrumentos que regulen la biotecnología moderna, de acuerdo a los factores culturales y a las necesidades económicas de cada país.

La robotización es otra promesa en esta cuarta revolución industrial, del cual se espera reduzca los costos de producción y mejoren la prestación de servicios a través de robots que ejerzan diferentes funciones y tareas realizadas por los humanos; generando así un riesgo hacia la desigualdad en la asignación de los ingresos.

Por consiguiente, la aplicación del concepto de ética empresarial es imprescindible en la transición hacia estos nuevos procesos digitales, enmarcándose en un significativo compromiso por el cumplimiento de las expectativas de sus diferentes grupos de interés, ante esta nueva revolución.

Una gestión empresarial ética propenderá entonces por incorporar en sus modelos de negocios lineamientos que promuevan la investigación, la innovación social y el desarrollo del capital intelectual de su fuerza de trabajo; de tal forma que éstos puedan adaptarse proactiva y responsablemente a las tendencias y plataformas emergentes en la industria digital.

Finalmente surge también un desafío para las instituciones educativas, y es el fortalecer la formación de profesionales éticos con capacidad de adaptación a la innovación; que aporten nuevo conocimiento a través de activos intangibles y a su vez participen en la formulación consciente de políticas públicas para lograr un equilibrio entre el desarrollo tecnológico, sostenible y social de las naciones.