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Escrito por: Fernando Aurelio Guerrero.
Doctorando Universidad Externado de Colombia.
Mag. Litigio Internacional DH y DIH.
Esp. Derecho Constitucional y Derecho Administrativo.
Docente Uniciencista, Bogotá.


Platón viajó a Siracusa, Dionisio el tirano había pedido su consejo. Estando allí, Dion, cuñado de Dionisio, conmino a Platón sobre la necesidad de una constitución para Siracusa conforme a las mejores leyes. Platón logra disertar sobre la virtud, el conocimiento y la justicia con el tirano en pleno conflicto externo con Cartago, sin embargo, el gran filósofo, regresa a Atenas sin lograr mucho e incluso en su retorno fue apresado por piratas, esclavizado y por suerte rescatado por el filósofo amigo Aníceris quien debió comprarlo en el mercado. Un filósofo intento hablar del virtuosísimo con un tirano sin dominio de sí mismo, quien no puede tener verdadera virtud y representar un verdadero gobierno.

Un humilde cortesano, Damocles, tomo la posición de Dionisio, previo consentimiento, colocándose en su posición, sin percatarse que una espada desenvainada estaría sobre su cabeza. Damocles parecía envidiar la vida del tirano de Siracusa Dionisio y este le concedió su deseo, se intercambió con él por un día. Bueno, cuando Damocles miró hacia arriba, reparó que una afilada espada colgaría atada por un único pelo de crin de caballo directamente sobre su cabeza. Un ciudadano intento ponerse en el lugar de un tirano, dando cuenta que el verdadero poder está en una mano invisible que amenaza su existencia permanentemente.

Así llega Guillermo Lariguet a Colombia, presentando el fantasma de Siracusa en su obra 2020: “Cuando los filósofos políticos se equivocan”, mostrando a aquellos que queremos (colocarnos en posición de espada desenvainada sobre la cabeza), discutir los problemas jurídicos en diálogo con la política y la ética, los pilares teóricos y los puntos de análisis de contexto en que vivimos, que podrían dar claridad conceptual para la creación de tipologías de análisis a juicios morales (caso de aborto, eutanasia, seres no nacidos con derechos, inteligencia artificial, animales no humanos, entre otros).

Pero también trae un fin práctico, poder indagar las motivaciones y condiciones que llevan a las personas a comportarse de una u otra manera, algo así como proporcionar un peldaño más para la comprensión y la empatía, para la compasión y la misericordia con el prójimo, lo cual es algo más allá que preguntarse sobre ¿cómo se comporta la gente? ¿Cuáles son las creencias de las personas? ¿Cuáles son las normas morales de una comunidad? o ¿cómo debe ser un comportamiento? ¿Qué principios deben aplicar en una situación?

Con ello, Guillermo Lariguet en Colombia previo 2020, ayuda a presentar razones sobre la importancia, la relevancia y la necesidad del campo de la ética en la formación de los abogados, entrenados (si tienen suerte), en el arte de hacerse buenas preguntas y de construir argumentos (incluso algoritmos), pero en espera de incluir competencias, habilidades y capacidades en su formación, para formular y hacer frente a preguntas como por ejemplo lo “propiamente humano” (relevancia moral en casos de animales no humanos), sin lugar a dudas un asunto de la próxima década y propio del campo de la ética.

Sin necesidad de invitar a los juristas a “caminar sobre nubes”, Lariguet exhorta a filosofar desde el campo jurídico sobre el mérito, los criterios de distribución del mercado o la solidaridad con el desventajado; Invita a vincular la ética y la filosofía en la formulación de problemas, entendiendo que ya se hace con mayor regularidad desde la actividad judicial; Advierte que si “el lenguaje se va de vacaciones”, como el caso del aborto que tiene distintos significados y usos, el jurista debe tener formación para encontrar intenciones ocultas en el razonamiento moral de cara a objetivos éticos disfrazados.

Con todo, la visita de Guillermo Lariguet invita a ser protagonistas sociales de la realidad, vista como “batallas de conceptos tras el poder”, en medio de mundos en movimiento, donde podemos equivocarnos como Platón en vez de pensar si el rol va a hacer el de “sentarse a esperar el vuelo del Búho al atardecer”.