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Por: Yesid Umaña Ramírez;  egresado; contador público,  diplomado en NIIF.

El proceso de paz en Colombia ha contribuido a terminar con 50 años de conflicto en los que muchas familias perdieron a sus seres amados, muchos hijos no vieron a sus padres, familias fueron destruidas a raíz de los daños que deja la guerra o las secuelas de la misma.

No es de menor importancia las cifras que deja este conflicto armado para el país, ya que según datos de la Cruz Roja, el conflicto acabó con la vida de 8 millones de personas, cifra muy similar a la dejada por el gobierno nazi durante su dictadura en Alemania; además entre sus daños colaterales también deja 1.800 heridos de la patria en combate, 3.000 civiles masacrados como falsos positivos, 100.000 desaparecidos, personas que nunca volvieron a sus hogares y que aún hoy, se desconoce su paradero; además 3.500 presos entre militares y combatientes de las FARC, sumado a lo anterior lo que quizá suele ser el capítulo más doloroso para nuestra nación, 27.023 connacionales secuestrados durante todo el lapso de la guerra, y esto claro, son cifras cuantificadas, estimaciones realizadas que quizá no revelen en su totalidad las cifras reales pero sí nos dan una idea de la importancia que tuvo el  terminar este conflicto de nuestra nación.

Para los actores de la sociedad, nuestros dirigentes políticos, nuestra comunidad en general viene ahora el reto más difícil, en especial para los afectados por el conflicto, Perdonar.

En adelante deberemos ser constructivos y cálidos con los que en el pasado fueron milicianos de la guerrilla, acogerlos y acompañarlos en su proceso de reintegración a la sociedad; de nuestros dirigentes políticos debe haber voluntad y compromiso en sacar adelante las leyes para la reincorporación a la vida civil de los excombatientes, eso sí, sin impunidad, que la justicia llegue y el perdón también.

Igualmente el empresariado, quien es el motor económico de la sociedad, tendrá como reto principal, aunque no sea sencillo, intentar recibir y dar las mismas oportunidades a quienes hoy dicen NO al conflicto SI a la Paz, ya que con los ingresos percibidos en sus trabajos los que hoy se reincorporan a la sociedad civil podrán obtener todo lo que alguna vez soñaron haciéndolo realidad.

Desde el gobierno nacional deberán superar las barreras de la educación, como reto tendrán que superar el analfabetismo y lograr que todos se vinculen a los programas de educación porque un país educado es sinónimo de progreso, eficiencia, calidad y crecimiento. 

Ahora bien, todos debemos asumir roles asertivos respecto a las nuevas personas que ingresan a formar parte de nuestra comunidad, debemos ser actores incluyentes en todos los sectores y recibir de buena manera y la mejor disposición a quienes ahora son civiles normales como nosotros; aquellos que tuvieron la valentía de decir basta y comenzar con una nueva etapa de PAZ para el país; además las iglesias que profesan la fe tienen un rol muy importante el cual consistirá en formar con aceptación, valores éticos, morales y amor a Dios a todos los que alguna vez fueron salpicados por la guerra y quienes participaron en ella, para superar el dolor con perdón, fortaleza y aceptación. Dar un paso al costado, no mirar atrás y seguir adelante en el camino que el país necesita, dar seguimiento a un proceso de aceptación de diferencias y apoyar el crecimiento de la convivencia entre todos.

No será sencillo, habrá muchas dificultades que como sociedad debemos superar, pero al final la recompensa será enorme ya que la PAZ es un derecho fundamental al que todo ser humano debe tener acceso sin importar su color, religión, raza, procedencia, cultura, educación y otros.

Es un don que ahora con la voluntad de todos y de la misma guerrilla estamos recibiendo en nuestra amada Colombia por el cual debemos luchar y sortear todas las barreras que nos traten de colocar,  para lograr así dejar a nuestras generaciones siguientes el país que merecen.