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Por: Juan Carlos Núñez Pérez, Abogado Uniciencista, Sustanciador Nominado Juzgado Cuarto Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Valledupar


Históricamente se ha presentado el fenómeno de la migración desde los primeros hombres nómadas, hasta la historia reciente en la que la globalización facilita hacer a un lado las fronteras, pues hoy en día no es extraño toparse con un extranjero en la calle de cualquier ciudad Colombiana. Dicho acontecimiento tiene injerencia en la fuerza laboral y productiva de las naciones, siendo tal su importancia, que muchas culturas se han amalgamado e incluso forjado su progreso interactuando y compartiendo con una o más de distinta índole. Pero no todo es positivo, también hay repercusiones.

Ilustración: https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-y-desempleo

Colombia es un país fuerte en políticas de protección laboral, ya que el Trabajo se encuentra protegido desde el art.48 de la Constitución política, pasando por los Códigos que lo regulan, e incluso la Ley que protege al Trabajador contra la contingencia de desempleo, Ley 1636 de 2013; además de esto existe una institución importante como es el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), que prepara a la población vulnerable, para el trabajo.

Por otro lado la tasa de migrantes a Colombia realmente no son muy altas, y si tenemos en cuenta que el mayor éxodo de extranjeros a nuestra patria se da por parte del país hermano, Venezuela, y hacemos relación con el tema laboral, es fácil inferir que la mayor repercusión de la fuerza de trabajo extranjera en el país se podría ver reflejada en el sector de la informalidad, sin perjuicio de los foráneos dueños de establecimientos de comercio o los que ocupan cargos diplomáticos o de dirección en grandes empresas, y teniendo la alta tasa de natalidad de nuestro país que nos hace el segundo más superpoblado de Suramérica.

Fuente gráfico: http://www.indexmundi.com/g/g.aspx?c=co&v=27&l=es

Para nadie es un secreto que por la situación del conflicto político, económico y social que actualmente vive Venezuela, se ha incrementado la cifra de inmigrantes de esa nacionalidad, o inclusive colombianos con doble estirpe en nuestro país, problema del que hace unos meses no se hablaba a viva voz. Hoy ciudades como Cúcuta, Bucaramanga, Valledupar, Barranquilla, Cartagena, Arauca e incluso Bogotá, padecen este flagelo; lo peor es que las políticas públicas para los nacionales son precarias, aunque exista una robustecida legislación laboral a todas luces arbitraria, pues no existe un panorama amplio de lo que políticamente se le pueda ofrecer a nuestros hermanos latinoamericanos.

Son muchas las personas que llegan con sus manos vacías y que como primera salida a su precaria situación buscarán el recurso que más esté a su alcance, la informalidad, lo cual pondrá competencia para los colombianos que también se dedican a este tipo de oficios. ¿Pero qué pasaría ante un incremento desaforado de esta área del comercio? Difícilmente habrá oportunidad para todos, sean colombianos o venezolanos, lo que ya está llevando un contingente numeroso de esa población a fundamentar vías de hecho para obtener sus recursos. Es por esto que la delincuencia por parte de gente de esta nacionalidad se ha disparado sobre todo en las ciudades principales y amenaza con aumentar.