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Escrito por:
Fernando Aurelio Guerrero.
Doctorado Universidad Externado de Colombia.
Mag. Litigio Internacional DH y DIH.
Esp. Derecho Constitucional y Derecho Administrativo.
Docente Uniciencista - Derecho Internacional.


Hans Kelsen, en una conferencia de despedida como miembro activo de la Universidad de California en 19521, mencionó el juicio a Jesús de Nazareth, especialmente la respuesta de Jesús frente a la pregunta de Pilatos "¿tú eres el rey de los judíos?", a lo que Jesús contestó: "Tú mismo estás diciendo que soy rey. Nací para dar testimonio de la Verdad y por esta razón vine al mundo. Todo el que está en la Verdad me escucha", respuesta ante la que Pilatos reaccionó con otra pregunta “¿Qué es la Verdad?”, cuestión que Jesús no respondió.

Según Kelsen, Jesús que había nacido para dar testimonio de la Verdad del Reino de Dios y Pilatos que era un escéptico relativista que considera la verdad como consecuencia del principio democrático, enfrentan dos visiones de la verdad basados en criterios distintos de justicia. La Verdad divina no depende de un procedimiento democrático. Para los científicos de la política, la verdad política debe imponerse a pesar de que en ocasiones no sea la Verdad justa. Los dos puede ser que converjan en permitir someter la decisión al plebiscito popular, sin embargo, los primeros soportan su Fe en la justicia de la providencia y otros confían en que la justicia se refleja en la decisión de la verdad política. Con todo, Kelsen considera que es inevitable que la discusión desemboque en la pregunta sobre ¿Qué es la Justicia?

La justicia para los que defienden a ultranza la verdad política, está presente en una decisión si se examina la maximización de utilidades, de bienestar o de felicidad, para el mayor número posible, por tanto, la decisión es justa si conlleva beneficios para la mayoría. Es así como podría justificarse el mal menor frente a dos males, una decisión que asegure la sobrevivencia o la existencia humana, entre otros ejemplos; otros considerarían que si la decisión no respeta principios sublimes, la aplicación de cánones, máximas u estándares establecidos, las elecciones hipotéticas que surjan no responderían a lo acordado como justo, como deber ser, por tanto, la decisión política es justa si no quiebra los principios esenciales de lo justo en una sociedad; en el mundo de los hebreros o de los griegos, como la justicia supone cultivar la virtud y razonar en colectivo acerca del bien común, el significado de la vida virtuosa acoge constructivamente las discrepancias que inevitablemente surjan, incluso asumirían con resignación una decisión política abiertamente contraria a lo que han construido como justo a través del devenir histórico, dispuestos y resignados a morir por ello, de ser el caso.

Así las cosas, un análisis del resultado de la decisión política del 11 de marzo de 2018, puede clasificarse en una de las tres éticas disponibles, llevando a presentarse distintas posturas, ya sea una maximizando las utilidades, otra defendiendo la protección o el quebrantamiento de un principio y otra, exaltando el grado virtuoso en medio de todo. Aplicando dichas posturas a un caso en concreto como el problema de desigualdad del país, podrían presentarse estas ideas: desde el utilitarismo se podrían proponer políticas públicas para la implementación de programas y planes que alienten el mérito en búsqueda de reducir la desigualdad, abiertas para todos, sin embargo, justificadas para reclutar, capitalizar, impulsar e invertir en las capacidades de los emprendedores (un tema de análisis económico). Los deontológicos podrían proponer la inclusión de todos por derecho, desde la regla absoluta de ofrecer lo mismo para todos, con la esperanza en que acudiendo al deber ser surgirá lo mejor (no podemos llegar a la igualdad sin considerar a todos iguales). Desde una visión virtuosa, al abordarse el problema en uno de los países más desiguales, se tiene el deber de propiciar el debate del fenómeno de la desigualdad, con la visión de brindar un ejemplo virtuoso sobre su visión (no se trata sólo de salir del problema, lo que importa es crecer en virtud colectiva).

Con todo, se dice que los resultados dependen de lo sembrado en el pasado, que las acciones del presente son las causas que determinarán el futuro. Es así, como los resultados del presente responden a una base social, la base social toma decisiones basados en lo sembrado en el pasado, luego la esclavitud de una servidumbre a veces determina la verdad política, ya sea por supervivencia, seguridad alimentaria, pero son la base social que la determina, en algunas oportunidades es el miedo, la inseguridad, el negativismo, los factores que llevan a la base social a elegir un mal menor. En definitiva, si no sabemos para donde vamos, cualquier camino nos llevará a ningún lugar.


1H. Kelsen, ¿Qué es la Justicia?, 1953, México, Fontamara, 1991