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Escrito por: Alonso Silva Rojas.
Abogado de Uniciencia; Filósofo de Uni. Angelicum -Roma, Italia.
Especialista en docencia Universitaria de Uni. UIS.
Magister en Filosofía y Doctor de la Ciencias Sociales (Ciencias Políticas) de Uni. Tubinga -Alemania.
Profesor titular y director del programa de filosofía de Uni. UIS e investigador de Uni. UDI.


Uno de los retos más importantes de la ética y la política contemporánea hace referencia a la forma como los habitantes de un territorio participan en la construcción de las variables necesarias para el logro de sus objetivos sociales y económicos. Esto supone no solamente su compromiso en la consecución de las capacidades tecnológicas y materiales sino también en la elaboración de los objetivos mismos propuestos.

Este reto se relaciona directamente con otro, a saber: la formación de las personas para que sean plenamente cooperantes en esa construcción y desarrollo social. La pregunta es, en este sentido: ¿Cómo hacer que las personas quieran participar activamente en el logro de los fines sociales propuestos? O, expresado en el lenguaje de la pedagogía: ¿Cómo hacer para crear las competencias necesarias en las personas para que sean miembros activos (cooperantes y comprometidos) de la sociedad?

De esta manera, el asunto relacionado con el logro de los objetivos sociales se convierte también y fundamentalmente en un problema relacionado con la formación de las personas, es decir, en un problema educativo, pues, como afirma Kant, el ser humano es un ser que no nace como tal ser humano, sino que necesita convertirse en tal, a través de la educación, fundamentalmente aquella que se imparte en la niñez y en la juventud. Precisamente, el relevo generacional es esencial, en cuanto que sin ella la comunidad no sería capaz de mantener su estabilidad ni de avanzar al ritmo y paso de los cambios permanente a los que están expuestas.

Ahora, bien, en una sociedad laica, moderna, como la que se propone hacer realidad nuestra Constitución Política, la educación de los jóvenes debe estar trasversalmente impregnada de la formación ética, en la medida en que para ser plenamente cooperadores en el ámbito social se requieren unas cualidades humanas específicas que hacen que los individuos se sientan realmente comprometidos desde su interior y de forma altruista con el bienestar de todos. En últimas, se trata de una necesidad pública, esto es: la necesidad de hacer de los individuos ciudadanos responsables y comprometidos con su comunidad.

Dada esta necesidad, la pregunta que surge ahora es: ¿En qué consiste el ejercicio de la ciudadanía?, ¿Quién puede ser un ciudadano competente?. Existen muchas respuestas, pero, en nuestro marco jurídico pedagógico colombiano el Ministerio de Educación Nacional caracteriza al buen ciudadano como aquella persona que:

  1. Conoce su entorno social y político.
  2. Tiene presentes sus derechos y obligaciones.
  3. Es capaz de reflexionar (de la forma correcta) sobre problemáticas sociales.
  4. Se interesa por los asuntos propios de su colectividad.
  5. Participa en la búsqueda de soluciones a problemas sociales.
  6. Busca el bienestar de su comunidad.

Para ello debe demostrar también que reconoce y valora:

  1. El contexto.
  2. La diversidad cultural.
  3. Los derechos individuales y colectivos1.

Para lograrlo la educación de los jóvenes debe estar orientada a crear tres capacidades: cognitivas, esto es los conocimientos y la habilidad de comprensión compleja de la realidad social, económica, política y cultural del entorno en el que se vive; emotivas, es decir, la voluntad de ajustar su comportamiento al cumplimiento de sus obligaciones morales que se expresa en el sentimiento de vergüenza cuando él mismo no cumpla con el deber ciudadano e indignación cuando observa y conoce que los demás no se comportan como deben hacerlo y; comunicacionales, a saber, la habilidad para expresar tanto de forma oral como escrita sus conocimientos, inquietudes, necesidades, opiniones y propuestas.

Como puede observarse, la formación de los jóvenes en ética ciudadana es fundamental en la generación de agentes sociales plenamente capaces de cooperar. Se trata de crear las condiciones para que el individuo pueda entrar a hacer parte activa del desarrollo de la comunidad y de la construcción de sus propias condiciones de libertad y bienestar, sin lo cual una sociedad se estancaría y reduciría sus posibilidades de realización positiva frente a los retos cada vez más complejos propios de las redes contemporáneas de desenvolvimiento de la vida humana.


1Cfr.: ICFES-MEN, (2017). Guía de orientación. Saber Pro. Módulos de Competencias Genéricas. Bogotá: ICFES-MEN, p. 42.