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Escrito por: Ramón Guerra Duran.
Abogado Corporación Universitaria de Ciencia y Desarrollo, Uniciencia Bucaramanga.


Apremiante resulta el tema de estudio, atendiendo la realidad sociopolítica por la que atraviesa nuestro país. Los medios de comunicación no cesan en informar escandalosos casos de corrupción; en las altas esferas del Estado (poder ejecutivo, legislativo y judicial), a nivel central, en los entes territoriales, en el sector privado, en personas que ostentan liderazgo político y social, los actos de corrupción amenazan no solo la institucionalidad, también a la sociedad en su conjunto, y por supuesto a su núcleo esencial: la familia. Si bien dicho flagelo es un cáncer de vieja data, este se ha extendido, y ha ganado terreno y dimensiones descomunales en extremo. Dentro de la integral solución que se quiera dar a tan desafiante realidad, sin duda, está el componente de la ética.

Según la rae, dentro de los significados de ética está: Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Otra acepción: “nombre que, derivado de la voz griega que significa “costumbre”. Se a plica a la parte de la filosofía que trata de las cuestiones relativas a los juicios morales. Tales son, por ejemplo: ¿por qué y cuándo se dice de un acto que es “bueno” o “malo”, “justo” o “injusto”? ¿Qué norma de conducta –si es que existe alguna- puede presentarse como aceptable y recomendable o rechazable y perjudicial? ¿Cuáles son los principales fines o virtudes de la vida humana o el sumo bien?. Según sea la respuesta a la pregunta sobre el origen de la fuerza obligatoria de los preceptos morales, se distingue entre la ética autónoma y la ética heterónoma; la primera se basa en el principio de que la fuerza obligatoria moral se funda en la propia voluntad del sujeto que obra; la ética heterónoma por el contrario considera que la fuerza obligatoria de lo moral no depende de la voluntad del sujeto, sino de una voluntad o fuerza extraña al mismo: en Dios para le Ética teológica, en las leyes del Estado o la sociedad según algunos filósofos En lo que hace a la respuesta sobre la cuestión acerca del origen de la moral, del bien y del mal, se contraponen la ética apriorista que considera la moral como independiente de la experiencia y de validez necesariamente universal, y la ética empirista, que considera la moral como algo formado en la experiencia1”.

Aplicando lo anterior a nuestra fuente jurídico-política, o principal norma, esto es, nuestra Constitución política, desde su preámbulo2, evidencia su alto componente ético, cuando enuncia los objetivos sociopolíticos a seguir, como la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz. Así mismo dentro de los derechos, especialmente los fundamentales, para lograr el respeto, su efectividad material, de aquellos y de estos, se requiere cabal cumplimiento a la ética. En otras palabras, sino hay ética, ninguna constitución -en nuestro caso-, ni ninguna ley, por más novedosa, progresista y propositiva que pretenda ser, dará respuesta o solución a la descomposición -corrupción si se quiere-, a todo nivel y exacerbada en que nos encontramos.

De tiempo atrás, se viene planteando la necesidad de cambiar nuestra constitución - desde su vigencia en 1991, ha sufrido más de 40 reformas-. El activismo legal3, también ha sido bastante dinámico, el activismo judicial aporta lo suyo. Más allá de que se cambie la Constitución Política, leyes, y los jueces fijen más y nuevos derroteros, en aras de impedir el desborde social -más de lo que está-, lo cierto es, insisto, sin ética, difícilmente saldremos de la encrucijada sociopolítica ya expuesta, y de paso, del escepticismo y resignación reinante.

El arduo camino hacia la superación de la compleja realidad en que estamos inmersos, a título de sugerencia, inicia desde casa, desde la familia; desde este ambiente se debe fortalecer la formación en valores, en la ética, reforzados en la educación inicial. Tarea también difícil, si se tiene en cuenta, la composición actual en la mayoría de las familias; hogares disfuncionales (hijos de distintos padres, con un solo padre o madre), aunado al hecho de que, por la necesidad de generar ingresos, uno o ambos padres, laboran la mayor parte del tiempo, dejando a sus hijos al cuidado de familiares o terceras personas.

A la par de lo anterior, contamos con el poder que todos aún tenemos: el derecho a elegir. Como nuestro sistema sociopolítico, es participativo y en mayor medida esa participación es a través de la representación4, en la medida en que utilicemos éticamente estas herramientas -participación y representación-, estaremos dando un paso gigantesco, en la construcción de una sociedad éticamente mejor. Fuerte es la lucha, por la creciente desesperanza, que actúa como sedante de que las cosas puedan ser mejor, por la resignación de acostumbrarnos a que no es posible que seamos cualitativamente mejores; justamente el anhelo de ver en vida propia, y la de nuestras próximas generaciones, una sociedad con sentido ético, debe ser el motivante a no desfallecer.

Caer en el inmediatismo, es otro aspecto a sortear; queremos resultados rápidos y casi mágicos, pero Kafka, en temas como el de estudio, nos enseñó: “Estas cuestiones tan complejas, cuestiones que en general se prefiere evitar- comprendo también este punto de vista, hasta lo comprendo mejor que el mío- pero a las que yo he dedicado toda mi existencia”. Se podría pensar que con la barriga vacía, la ética no cala -y un tanto acertado-, ello por la pobreza y marginalidad de nuestra sociedad actual, que hacen presa fácil a buena parte del conglomerado social, como por ejemplo el “dinero fácil” producto de ilicitudes, que para mantenerse propaga antivalores; sin embargo, nuestra realidad nos dice que es en la elite, en los grupos de poder, en las altas esferas del Estado, donde mayor y sofisticada se ha enquistado la descomposición, las practicas antiéticas. Razón le asiste a Facundo Cabral cuando dice que “el bien es mayor, lo que pasa es que el mal hace más ruido. Se requiere por lo menos de dos generaciones para ver resultados significantes, donde la conducta social esté estructurada en el obrar ético.

Si a la formación en valores, o ética práctica, junto con una adecuada capacidad de elegir le agregamos el pensamiento crítico -en el sentido estricto de la palabra-, que nos permita actuar éticamente, y simultáneamente prevenir o evitar acciones antiéticas dentro del conjunto social, avanzaremos por la senda hacia una mejor comunidad. Desde luego, que otros aspectos que hay que integrarlos para alcanzar el objetivo que se plantea, como la educación, el acceso real a oportunidades de desarrollo personal, mayores sanciones a actos que rayan en lo ilícito, y otras cuestiones, pero que, por lo limitado del espacio, se hace necesario abrir otros escenarios. No obstante, lo urgente y necesario es actuar en pro de una conducta social humanamente superior.


1Diccionario Jurídico Colombiano. Edit. Editora Jurídica Nacional. Quinta Edición. Pág. 1006.

2Constitución Política. Preámbulo. El pueblo de Colombia en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, decreta, sanciona y promulga la siguiente

3Vease: https://www.ambitojuridico.com/noticias/congreso/electoral/estas-son-las-107-iniciativas-aprobadas-por-el-congreso-en-la-ultima

4Constitución Política, articulo 40. Todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político. Para hacer efectivo este derecho puede:

  1. Elegir y ser elegido.
  2. Tomar parte en elecciones, plebiscitos, referendos, consultas populares y otras formas de participación democrática.
  3. Constituir partidos, movimientos y agrupaciones políticas sin limitación alguna; formar parte de ellos libremente y difundir sus ideas y programas.
  4. Revocar el mandato de los elegidos en los casos y en la forma que establecen la Constitución y la ley.
  5. Tener iniciativa en las corporaciones públicas.
  6. Interponer acciones públicas en defensa de la Constitución y de la ley.
  7. Acceder al desempeño de funciones y cargos públicos, salvo los colombianos, por nacimiento o por adopción, que tengan doble nacionalidad. La ley reglamentará esta excepción y determinará los casos a los cuales ha de aplicarse. Las autoridades garantizarán la adecuada y efectiva participación de la mujer en los niveles decisorios de la Administración Pública.