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Escrito por: Gustavo Enrique Barrera Torres.
Abogado Especialista en Derecho Público.
Magister en Fiscalidad Internacional.
Docente Investigador Grupo ACADEMO, y UNICIENCIA Seccional Bucaramanga.


Resumen:

Planteamos comportamientos de jóvenes y menores de edad que desde épocas muy tempranas despliegan conductas como pataletas, rabietas para el logro de gustos y por parte de sus padres o mayores, como también conductas de jóvenes en escuelas o colegios que reaccionan violentamente con sus profesores ante la presencia de regímenes impuestos, como colocación de sus notas. Se plantea el contexto de la vida nocturna de estos menores o jóvenes los cuales despliegan comportamientos antisociales y no acordes con el desarrollo normal de la vida en sociedad.

De esta forma se critica las posturas y conductas permisivas o tolerantes de los padres como de la institucionalidad y más por la presencia hoy de muchas garantías, derechos y deberes para con los menores y jóvenes mayores de edad, y ante la mal llamada aplicación o interpretación de ciertos derechos y garantías constitucionales.

Esto genera la presencia u obligatoriedad de una ética ciudadana y mayor responsabilidad en los diferentes actores de la sociedad y cabeza de los contextos en este sentido; y no obstante el grado de desarrollo o degradación social que pueda existir.

 

1. INTRODUCCIÓN

Estamos enfrentados como sociedad, familias y padres ante un fenómeno, situación o flagelo, en donde por una parte se han disparado, tanto los índices de criminalidad de jóvenes como menores de edad, al igual que sus comportamientos en sociedad dados por el irrespeto a personas mayores de edad y superiores en los distintos contextos y comportamientos erróneos, o antisociales; y como también sus comportamientos en familia y hogar de desmedro, irrespeto para con sus padres y el desarrollo de otras conductas ajenas a lo que llamaríamos una buena formación de hogar.

Entonces es cuando hay una crisis en el campo formativo tanto institucional, como familiar y el cual ha llevado a que la sociedad y el Estado se sientan responsables o por lo menos con la obligación o deber de corregir estas falencias o comportamientos anómalos y antisociales. Existe culpa o falla en la formación del hogar ¿la escuela o colegio?, ¿O es culpa del desarrollo de la sociedad?, ¿El Estado?, Etc. Y otros cuestionamientos que surgen paralelamente a los anteriores.

 

2. CONTEXTO

Actualmente escuchamos decir que se ha perdido el respeto tanto a personas mayores, como sus padres y/o superiores jerárquicos en sus diferentes contextos; pero más aún los niños sin ningún temor no le hacen caso a sus padres, los gritan; o como mínimo el niño de dos, o tres años arma una pataleta o rabieta cuando no se le ha dado gusto en algo. Igualmente se ha observado como en la calle y en su transitar de una persona adulta y al encontrarse con un “niño”, de cuatro o cinco años este le arruga la cara o hace una mueca a la persona mayor y sin mostrar el más mínimo asomo de pena o temor por esta.

En la actualidad escuchamos en los medios de comunicación noticias como esta: joven le pega o adhiere con arma blanca a su profesor porque lo castigo, o simplemente porque no le coloco una nota adecuada. También el comportamiento del joven menor de edad en las calles o vida nocturna la cual entre comillas no le es dable o conveniente; y como el del joven mayor de edad que sobrepasa sus límites y pese a su mayor formación y grado de compromiso social que debe ostentar. Podemos decir que se ha dado un alto grado de descomposición familiar y con la consecuente pérdida de valores y principios. Por ello observándose en el CONTEXTO de la vida NOCTURNA del joven mayor y como menor de edad, que no es la más apropiada, correcta y aceptada socialmente.

De esta forma es tan alarmante por así decirlo el alto índice de crecimiento de estos comportamientos en los jóvenes tanto menores como mayores de edad, que se está despertando la preocupación de la sociedad del Estado y padres de familia, ellos como comprometidos en tratar de recuperar ciertos valores y principios, reglas que en el pasado eran el ejemplo de conductas correctas y apropiadas, y que caracterizaban el desarrollo en sociedad.

 

ÉTICA CIUDADANA Y RESPONSABILIDAD

Es cierto y por eso surge la responsabilidad de todos para contrarrestar, eliminar o minimizar estos comportamientos o conductas contrarias al normal desarrollo de la vida en sociedad y de nuestros jóvenes en sus diferentes contextos. De esta forma se critica el comportamiento permisivo de padres de familia los llamados modernos que no castigan a sus hijos ni los reprenden por tales comportamientos, y con los estigmas sociales y legales de no violar sus derechos y garantizar su libre desarrollo y personalidad considerada por muchos un deber y garantía de la defensa de los derechos del menor.

La misma institucionalidad con mayor razón ha sido también permisiva con estas conductas y por la presencia de las distintas limitantes o castigos para con quienes maltraten o violen los derechos del menor. Es cierto que la educación juega un papel vital en este proceso, pero como y/o complemento de la formación que ha debido tener este menor o joven en el seno su hogar, la cual dicen muchos es la base de estos jóvenes para su desarrollo y convivencia en sociedad.

La Ética y responsabilidad cobra gran vigencia actualmente tanto en cabeza de padres, educación, estado y sociedad, quienes serían los llamados en un principio como cabezas en sus contextos para asumir su responsabilidad.

 

CONCLUSIONES

Se deben recuperar los valores, principios, ética y reglas en sociedad, para con nuestros niños, jóvenes y mayores; y para ello con la gran responsabilidad de todos como la de superar los avances, desarrollo y consecuente degradación del contexto. Es innegable y triste reconocer como el desarrollo del hombre y la humanidad ha traído muchos flagelos disfrazados con los mantos de la modernidad y/o de los derechos humanos de la llamada tercera generación, no queriendo decir con ello su eliminación o inaplicabilidad de estos derechos o principios; sino buscar su adecuada valoración o límites, que no los hagan permisivos con el grado de afectación social y legal o en el peor de los casos los restrinja totalmente.