Calificación del usuario: 5  / 5

Estrellas activasEstrellas activasEstrellas activasEstrellas activasEstrellas activas
 


Escrito por: Julio Cesar Ayala Guarín.
Ingeniero Informático Uniciencista.


En el año 1987, luego de tres años de haber salido del colegio, y después de haber realizado algunos trabajos, tapizando muebles, atendiendo una licorera, y junto con mi padre un supermercado de su propiedad, también administrando la bodega y participando en la entrega de pedidos en una compañía de licores de nombradía en la ciudad, siempre en busca de un horizonte cómodo para el acontecer de mi vida; pasaba por el frente de una casa que revelaba un aviso que invitaba a estudiar algo relacionado con computadoras… Actividad que a posteriori se convertiría en mi ocupación principal y en una pasión que me ha llevado por caminos y momentos que han requerido de gran sacrificio y que me han ofrecido grandes frutos.

Aquel día, en el que pasé por el sitio de enseñanza de computadoras, hace 32 años, un nuevo sendero, que pasó a engrosar la lista de una multitud de senderos que tenía ante mí. Todos los atajos, con multiplicidad de opciones, tenían su origen en actividades sociales; algunos invitaban al desorden y el caos y otros, como el que acababa de conocer, invitaban al conocimiento y a la profundización en temas de relevancia para el crecimiento personal y de la comunidad, y fue por el que decidí avanzar.

Me inscribí en el curso, me embelese con el contenido de las clases, compartí con personas grandiosas, participe activamente en el desarrollo de mi conocimiento, y tuve la oportunidad de ensanchar ese conocimiento a través del trabajo en actividades concernidas con las computadoras en dos o tres empresas, que me permitieron intimar con las eventualidades del mundo laboral y me dispusieron para el perfeccionamiento de un plan de vida que ha ocupado los últimos 28 años de mi existencia. Comencé mis estudios en la universidad pública en el año 1991, exactamente en el segundo semestre de ese año; y en el año 1992 entré a trabajar a la empresa en la que he trabajado por los últimos 26 años… Debido a múltiples factores, que incluyen asuntos de tiempo y salud, abandoné la carrera en la universidad pública y me dediqué a afianzarme y crecer en el mundo laboral, aunque el interés en la profesionalización de mi conocimiento continuaba vivo, aunque guarecido en el fondo de mis prioridades.

Para el año 2005, me plantean nuevos escenarios y pronosticaban un mejoramiento del horizonte de mis planes de vida, y venían acompañados de una exigencia, propia de los nuevos tiempos, que tenia que ver con la necesidad de contar con un título profesional para transitar esos nuevos caminos. Comenzó la búsqueda de un espacio que me permitiera alcanzar la meta académica y que además ofreciese la flexibilidad de tiempos y espacios para su desarrollo. Conseguí mi meta en el año 2008, y esta meta se convirtió en la base sobre la que continué la construcción de las estructuras que despliegan dando forma a mi plan. La universidad, la empresa, la casa, el barrio, fueron espacios que fraguaron mis sueños, que transitaron a mis ilusiones, y con trabajo y esfuerzo se tradujeron en realizaciones.

Todos las decisiones que he tomado en el transcurso de mi vida tienen un matiz que proviene del entorno en el que me he desenvuelto; si bien es cierto que la responsabilidad de mis decisiones es solo mía, también es cierto que las consecuencias de esas decisiones impactan el entorno y a los que los comparten conmigo regresando como un bumerang hacia mi y hacia los otros que comparten conmigo. La ética que me acompaña como individuo ha sido contrastada por los matices provenientes de la ética social, y se ha convertido en el constructor del derrotero de mis planes y me acompañaran en adelante, afianzando mi comportamiento y capitaneará la forma como me he de relacionar con los otros, haciendo que me integre socialmente y que a través de esa integración aporte en la construcción de comunidad.

La equidad, entendida como la cualidad que consiste en no favorecer en el trato a una persona perjudicando a otra, representa un valor que enaltece a cada ser humano y el reconocimiento de la importancia de su participación en la comunidad, traduciéndose al final en lo que conocemos como la ética ciudadana.