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Escrito por: Coronel. Mario Guatibonza Carreño.
Abogado Uniciencista.
Administrador de Empresas.
Especialista en seguridad ciudadana, columnista


"La gente que elige políticos corruptos, impostores, ladrones y traidores no son sus víctimas, sino sus cómplices". -George Orwell.

Este mes tenemos las elecciones más importantes del país, pues vamos a elegir alcaldes, gobernadores, diputados y concejales; es otra gran oportunidad para empezar el cambio que Colombia necesita urgentemente, hacia un país libre de corrupción, de violencia y de politiquería; decisión que está en nuestras manos. De seguir como venimos, el día a día será con nuevos escándalos de corrupción y la plática de todos seguirá llenando los bolsillos sin fondo de los mismos de siempre y los problemas sociales cada día más grandes. ¿Cómo sociedad ya sabemos el diagnóstico, entonces que esperamos para reformar la política y poder salir de este enredo?

117.822 candidatos se inscribieron para participar en las elecciones del 27 de octubre y en estas listas vuelven muchos de esos que llamamos los mismos con las mismas mañas, donde los partidos políticos se han convertido en un club de abales y no se exige el perfil político imprescindible para ser candidato. Definitivamente Colombia es un país de sinvergüenzas, es muy común ver candidatos cuestionados en su moral que no les da vergüenza postularse, pero más sinvergüenzas son los que apoyan y votan por ellos, a sabiendas que llegan al poder no a trabajar por el bien común sino a robar al erario.

Para cambiar el rumbo hay que acabar urgentemente con esa clase politiquera enquistada en nuestra democracia. Hay que votar a conciencia y castigar electoralmente a esos candidatos que han convertido la política en un negocio muy lucrativo, con espacios permanentes en la administración pública, obstaculizando el desarrollo económico y social de la nación. Para nadie es un secreto que tienen maquinarias en las administraciones locales y regionales en las que mueven sus engranajes para mantener su poder político corrupto. ¿De quién es la culpa que sigan en el poder los mismos personajes politiqueros cuestionados moralmente? Pues de quienes votamos, más claro no canta un gallo.

En estos días es muy común escuchar “Yo no voto soy apolítico”, “Suba el que suba me da lo mismo”, “será votar por el menos ladrón”, “ese roba, pero al menos hace obras”, “ese roba, pero poquito”. Demostrar indiferencia y desinformación nos convierte en ignorantes de la política y ser gobernados por las peores personas y las consecuencias está a la vista. Esta forma de pensar, nos advierte que vivimos una cultura corrupta, la cual debemos atacar urgentemente por la Salud de nuestra democracia.

Es el tiempo de actuar eligiendo acertadamente personas decentes, honradas y lo más importante, que no sean corruptas, ni politiqueras, para que Colombia alcance el desarrollo que todos anhelamos. De lo contrario, no habrá presente, ni futuro cierto y los dineros que con tanto esfuerzo aportamos vía impuestos, seguirán engrosando las arcas de una clase politiquera, que día a día corroe y permea todas las esferas del poder público y privado, sumergiendo a nuestro país en el atraso, postración y subdesarrollo. Tenemos que salirnos de esa pasividad e indolencia y actuar con decisión contra este cáncer que carcome al país día a día, no permitiendo que sigan llegando a ocupar cargos en lo público.

La corrupción política no permite el mejoramiento de la calidad de vida y bienestar de todos los colombianos, incentiva nuevas conductas delictivas, desaparece los dineros del erario, genera ineficiencia del estado, rompe los principios de legalidad, transparencia y moralidad. Si hay corrupción en los gobernantes y en los funcionarios públicos es porque nosotros permitimos en las elecciones que así sea. ¡Reaccionemos ¡basta de tanto bandido en lo público, dignifiquemos el arte de la política, castiguémoslos al menos electoralmente para evitar que se sigan postulando a cargos públicos, esperar una sanción penal, disciplinaria o administrativa, nunca ira a llegar y la corrupción seguirá campante a sus anchas y el país rumbo al despeñadero.

A estos cargos públicos deben llegar mujeres y hombres que, con su honradez, vocación y pasión por el servicio público saquen avante los destinos de Colombia. Los riesgos de dejar que personas sin moral lleguen al poder son tan graves que pueden provocar el desmoronamiento del Estado. Si elegimos bandidos gobernaran bandidos.

“Colombiano de bien salve usted la patria”.